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miércoles, 8 de mayo de 2013

EL TRABAJO MÁS DURO DE TODOS


Existen muchos tipos de trabajos, algunos analizados con objetividad representan una forma muy “dura” de ganarse la vida,  dónde incluso se pone en riesgo la salud de las personas que los ejecutan.

Al margen de este tipo de actividades, existe actualmente un trabajo que requiere unas altas dosis de esfuerzo, tolerancia a la frustración, insistencia, persistencia…  para alcanzar el resultado deseado. Hablo del trabajo de buscar trabajo. Lo vivo de cerca por mi actividad profesional y,sin duda, es evidente que en estos momentos para muchas personas  es una ardua tarea en la que no parece vislumbrarse  luz al final del túnel.

Hoy quiere expresar 10 ideas que puedan ayudar en la medida de lo posible a quien está en esta situación y que, desde mi conocimiento y experiencia, contribuyen a optimizar los recursos  de los que disponemos para afrontar el reto:

1.      Autoconocimiento: Dedica un tiempo a saber bien quién eres, qué quieres hacer, qué puedes hacer, cuáles son tus fortalezas, habilidades, cualidades,  cuales tus debilidades, tus limitaciones y puntos débiles. Siéntate y escríbelo en una hoja, simplemente como una historia. Es importante que sepas a QUIEN VAN A VER CUANDO VAYAS A UNA ENTREVISTA.

2.      Pon tus herramientas a punto. Revisa tu CV, tus cartas de presentación, “personalízalas”, dale un toque diferente. Parte de dos premisas:


-          CV: tengo dos hojas por una sola cara para expresar quien soy (datos personales), cómo me pueden localizar (datos de contacto, TODOS!!), que sé (formación), me sigo formando (cursos…), qué he hecho hasta ahora y qué he logrado (experiencia profesional + logros).

-          Carta de presentación: Voy a contarte lo que puedo aportar a tu empresa y por qué deberías confiar en mí en 2 párrafos y medio.

3.      Empieza a moverte en el mundo 2.0. Cada vez más las redes profesionales y sociales son un punto  de encuentro entre empleadores y candidatos. Tienes que hacerte visible con tu mejor imagen (mejor con tu marca personal)

4.      Por ende, cuida tu imagen personal en las redes sociales. En los medios sociales NO HAY NADA PRIVADO o sólo para mis amigos.


5.      Lee con atención las ofertas de empleo, los requisitos y las condiciones. Aunque la primera tentación es apuntarse a todo, es preferible que lo hagas a aquellas ofertas que de un modo realista aceptarías en caso de ser seleccionado. Si disparas a todo, acabas agotado y decepcionado si no consigues  “cazar” nada.

6.      Una entrevista de trabajo son 20 minutos para dar lo mejor de ti. Olvídate de prejuicios, la crisis, la edad, si somos 10 o 100 candidatos. Demuestra lo que vales y punto.


7.      En una entrevista céntrate en tus logros y en lo que has aportado en cada experiencia laboral. Las experiencias negativas obvialas en la medida de lo posible.

8.      Llévate un par de preguntas preparadas a la entrevista. Los nervios pueden hacerte quedar en blanco y si te dan la opción de preguntar es una pena desaprovechar la oportunidad para mostrar interés en el puesto. ¿Qué te gustaría saber del puesto o de la empresa dónde  tienes una oportunidad de entrar a trabajar?


9.      Cuida tu imagen personal cuando acudas a una entrevista. No dejes de ser tú, pero recuerda que nuestra imagen es también un reflejo del interés que mostramos por el puesto, ¿no te arreglarías para a ir a la cita de tu vida? Aquí puede estar el trabajo de tu vida.

10.  Sé sincero y honesto en la entrevista. Mentir no te  hará llegar muy lejos. Si algo no lo sabes es preferible decirlo y mostrar tu disposición para aprender.

Estas son sólo algunas pautas, creo que oportunas y a tener en cuenta en esta complicada tarea que supone hoy día encontrar un empleo.

Espero haberte ayudado.

lunes, 29 de abril de 2013

El "como" de las cosas




A  diario podemos leer en los medios sociales,  escuchar en cursos y seminarios, en charlas de expertos y no tan expertos las  claves para conseguir esto y aquello. Unas claves que muchas veces inciden en el qué hay que hacer, qué hay que lograr,  qué somos o qué podemos llegar a ser. Al final, el interrogante que muchas veces queda en el aire es “Vale, y eso ¿cómo se hace?”. El  cómo tiene que ver  básicamente con dos conceptos: procedimiento o  “manual de instrucciones” y con “entrenamiento”  (ponerse a hacer, practicar…). El qué te lo pueden contar,  lo puedes memorizar, pero  el cómo aunque  te lo pueden detallar es  sólo a través del entrenamiento como  se puede aprender. Pero hay algo más allá de  ese saber hacer… algo que lo convierte en la verdaderamente relevante, en lo más auténtico que tenemos, y es que aunque tú y  yo sepamos   de un modo similar algo sobre un tema  concreto, lo que nos diferenciará será cómo lo pongamos en práctica. Nunca dos personas pueden hacer algo de una manera exactamente igual, por más que sigan un mismo protocolo de actuación.

Entre las personas que nos dedicamos a prestar  un servicio, es decir, nuestro producto es un intangible este valor del cómo alcanza su máxima expresión y esto por varios motivos:

-          El servicio llega al cliente envuelto  e impregnado de lo que soy y de mi forma diferente de hacer las cosas (mi forma de expresarme, mis valores, mis habilidades comunicativas, mis conocimientos y experiencias, mi carácter y mi personalidad, mi forma consciente e incluso inconsciente de relacionarme con los demás…).

-          Por tanto si la  marca personal es lo que nos hace  diferentes,  el cómo se convierte en  el centro de nuestra marca. Es esa forma única e intransferible (sólo imitable, lícitamente imitable) de  “hacer”.



Como conclusión deduzco dos cosas:

Si no sabemos cómo,  de poco nos sirve el qué, pues el cómo es lo que nos pone directamente en relación con la acción, con el “hacer” que es  el único motor de todo cambio.

Es a través de ese cómo hago la cosas como expreso mi singularidad de una forma más evidente y perceptible para los demás, así pues, en el desarrollo de mi marca personal he de prestar especial atención a esos matices que  envuelven   aquello que es mi producto (servicio), potenciando lo  que es valorado por el  cliente y entrenando y practicando lo que en mi desempeño no alcanza a ser lo suficientemente “bueno” en mí.

FÍJATE MÁS EN COMO HACES LA COSAS, QUE EN LAS COSAS QUE HACES

domingo, 14 de abril de 2013

El vendedor de huevos o el valor de esencia


Hace un par de semanas regresé a mi ciudad natal, y volví a verlo, como siempre, bajándose de su furgoneta blanca, portando en sus manos los inconfundibles cartones donde perfectamente dispuestos y protegidos transporta el frágil producto que desde hace más de 30 años reparte directamente a domicilio, entiendo yo, que a un buen número de ellos. La escena, tantas veces captada por mis sentidos desde mi niñez me hizo reflexionar sobre algunos conceptos tan en boga en el mundo empresarial actual; el marketing, la innovación, la competencia, el poder de las grandes superficies, los nuevos hábitos de compra…

Lo cierto es que mi análisis de este “modelo de negocio” parece alejarse de las tendencias actuales, incluso parece contradecirlas como si la realidad como suele decirse siempre superara  a la ficción y nunca coincide con los manuales.


El huevero (así lo llamábamos en casa cuando venía puntualmente todas las semanas) lleva más de 30 años gestionando un negocio  cuya misión y visión parecen no haber cambiado en nada durante este tiempo, ¿innovación? El mismo producto, el mismo embalaje, el mismo vendedor, … Imagino que el proceso productivo habrá ido variando y que la innovación habrá  mejorado la producción, tal vez las gallinas se alimenten con piensos mejor elaborados… etc. Esa parte  sólo puedo intuirla pues lo que él ha transmitido desde hace  tantos años, sorteando los cambios, casi diría yo desafiando a los “grandes” son valores en esencia “tradicionales” pero con los que es muy probable que sigamos sintiéndonos identificados ahora, y a buen seguro  en el futuro, a saber:

-          Producto de calidad. El precio de su producto es caro en comparación con lo que se puede adquirir en el supermercado, pero la calidad es inmejorable, es su principal valor y en términos de alimentación creo que siempre tratamos de hacer un balance calidad/precio que nos resulte positivo. Éste lo es, sin duda.

-          Cercanía. No es sólo el hecho de que el producto llegue hasta tu casa, podría ser irrelevante o incluso molesto en estos tiempos. Él lo ha puesto en valor y a su favor,  “siempre vuelve” si no estás, se los deja a la vecina, ya te cobrará el próximo día, te pregunta cuando te viene mejor…

-          Confianza. ¿puedes llevarte un producto de cualquier cadena de alimentación si te falta un céntimo de euro de su precio? NO. Mi huevero te fía, va él a por cambio, te perdona “5 céntimos” si no los llevas. Ese contrato emocional es para siempre, es muy difícil que se rompa si sabes mantenerlo.

-          Trato humano. De persona a persona. En todos estos años hemos sabido que se casó, que tuvo 3 hijos, que son mayores, que estudiaron,… hay una persona detrás del producto, hay un historia detrás de la persona.

A pesar de lo descrito más arriba me resulta sorprendente volverlo a ver, como si en él el tiempo se hubiera detenido, como si de verdad él hubiera encontrado la “gallina de los huevos de oro”. .. Un negocio que le ha permitido vivir sin renunciar a su esencia,  permaneciendo más que innovando, siendo tal vez un claro ejemplo de que hay valores y formas de hacer que son resistentes al cambio porque en la vida para  captar el cambio hay que ser consciente de lo que “permanece” y en este caso haber sido capaz de sacarle el máximo partido.

martes, 5 de marzo de 2013




LOS OTROS “SOBRES”

Hace un par de días publiqué un post en facebook que ha generado cierta diferencia de criterios con una persona de mi red de contactos y, a la vez, me ha servido para realizar una reflexión e inspirar las líneas que siguen a continuación.

Hoy quiero reflexionar sobre otro tipo de “sobres”; los y las sobre-cualificados, sobre-formados e incluso sobre-experimentados que en un entorno que hace tiempo les dejó fuera del mercado de trabajo ven con incredulidad y grandes dosis de desconcierto como precisamente esa cualidad  que fue tan valorada en otros tiempos  es hoy un hándicap para encontrar nuevas oportunidades laborales.

Entonces, ¿cómo podemos defender la importancia de la formación, la imperiosa necesidad de estar permanentemente actualizados, de ser siempre “alumnos” para seguir desarrollando nuestro talento, y a la vez, escuchar en más de una entrevista de trabajo que “… genial, pero estás muy por encima de nuestras expectativas… seguro que querrá cobrar mucho… se irá en cuento encuentre otra cosa… le “sobra” experiencia… demasiada formación…”?  Lo más llamativo es que ante esto muchos candidatos empiezan a adelgazar su CVs, obviando datos, suprimiendo experiencias, en definitiva, devaluando su propio valor para acceder a un empleo.

Sin datos estadísticos en los que basarme, pues el estudio al que yo aludí en el post de facebook si arrojaba datos a favor de que los estudios de postgrado correlacionaban con salarios más altos, pero no dispongo de datos sobre lo que cito en el párrafo anterior. Sin embargo, es cierto que muchos candidatos lo comentan en las entrevistas que mantienen conmigo, y a la vez, también se lo he oído decir a ese empresario o empresaria que quiere contratar un nuevo profesional.

En mi opinión esta especie de encrucijada en la que nos encontramos actualmente solamente tiene una solución y ésta se llama FLEXIBILIDAD, pero flexibilidad por ambas partes.

Los empleadores han de ser conscientes que en este nuevo paradigma apostar por el talento es garantía de éxito, superar el cortoplacismo de pensar si ese alguien se irá, si querrá ganar más (¿y el salario emocional?, ¿y el desarrollo de la carrera profesional?), pensar que ese talento puede ser el impulso que nuestra empresa necesita aquí y ahora pero además proyectarse hacia el futuro gracias a contar con gente muy preparada (ya no sobre-cualificada).

Por otra parte, el candidato también ha de entender y conocer el entorno y como el cambio de paradigma impone desarrollos profesionales no siempre lineales en sentido ascendente, sino de recorridos más horizontales, por proyectos más cortos en el tiempo y mucho más versátiles en sus tareas, etc, pues  como dice Joaquín Lorente en su obra Tu Puedes “… NO HAY MAYOR AISLANTE DE LA REALIDAD QUE UN TÍTULO UNIVERSITARIO MAL DIGERIDO…”. Cualquier oportunidad laboral puede ser la puerta de entrada a un proyecto que nos permita desarrollar  habilidades y competencias que a buen seguro nos ayudarán a evolucionar personal y profesionalmente.

Sólo desde posturas flexibles y abiertas unos y otros pueden encontrarse, entenderse, aunar intereses y superar esta aparente contradicción.